Este fue un fin de semana que busqué... desde hace tiempo...
entre mate, gancia batido y empanadas el discurrir de la conversacion fue pasando de cuestiones ginecologicas y recetas para que no se pase el arroz a un debate sobre gustos y percepciones frente a las artes... el convivio, el preconcepto y el don. Desde las cinco de la tarde ancladas en la silla, planificando salir... pero imposibilitadas por la conversacion, ahi duramos hasta las tres de la mañana...
Domingo en familia... ¡como creció la nena!, ahora cocina y nos invita, a la tarde EL OJO DEL PANOPTICO, en el Konex (no vayan)... caminata por corrientes, libros, obelisco y congreso... indignados... habiendo tanto tanto... nada. Planes, cambio de rumbo, mate y zucaritas... humedad, fluidos, agua y la ausencia... premier essai
domingo, 18 de mayo de 2008
domingo, 11 de mayo de 2008
Cahiers du cinema
Ciro vigilando a tsé tsé (y mis dedos) Ciro es solo la muestra de como está quedando el reverso de mis apuntes... las agujas del reloj avanzan y yo sigo leyendo una y otra vez la misma frase... PORQUE ESTOY TAN DESCONCENTRADA??? una mosca me distrae.
pienso en el rastro, lavapies y las cañas en la latina... estoy y no estoy, voy y vengo, abro la heladera: tostada con dulce de leche, unos mates... mandarina? paso la escoba por el departamento y leo... "la transicion entre secuencias puede ser instantanea o puede significar un siglo de espacio, de tiempo, de emociones"... y cuelgo... secuencias propias... lejos estás pero ¿estas? cuando voy a subir a la torre? té de sueños de la Alhambra y tabaco marroquí, carolina Herrera en un papelito en la cartera, las frambuesas en montmartre y la lluvia florentina...
Ganas de salir
lunes, 5 de mayo de 2008
El porque de mi nombre
Preferíamos encontrarnos en el puente, en la terraza de un café, en un cine-club o agachados junto a un gato en cualquier patio del barrio latino. Andábamos sin buscarnos pero sabiendo que andábamos para encontrarnos. Oh Maga, en cada mujer parecida a vos se agolpaba como un silencio ensordecedor, una pausa filosa y cristalina que acababa por derrumbarse tristemente, como un paraguas mojado que se cierra. Justamente un paraguas, Maga, te acordarías quizá de aquel paraguas viejo que sacrificamos en un barranco del Parc Montsouris, un atardecer helado de marzo. Lo tiramos porque lo habías encontrado en la Place de la Concorde, ya un poco roto, y lo usaste muchísimo, sobre todo para meterlo en las costillas de la gente en el metro y en los autobuses, siempre torpe y distraída y pensando en pájaros pintos o en un dibujito que hacían dos moscas en el techo del coche, y aquella tarde cayó un chaparrón y vos quisiste abrir orgullosa tu paraguas cuando entrábamos en el parque, y en tu mano se armó una catástrofe de relámpagos fríos y nubes negras, jirones de tela destrozada cayendo entre destellos de varillas desencajadas, y nos reíamos como locos mientras nos empapábamos, pensando que un paraguas
encontrado en una plaza debía morir dignamente en un parque, no podía entrar en el ciclo innoble del tacho de basura o del cordón de la vereda; entonces yo lo arrollé lo mejor posible, lo llevamos hasta lo alto del parque, cerca del puentecito sobre el ferrocarril, y desde allí lo tiré con todas mis fuerzas al fondo de la barranca de césped mojado mientras vos proferías un grito donde vagamente creí reconocer una imprecación de walkyria. Y en el fondo del barranco se hundió como un barco que sucumbe al agua verde, al agua verde y procelosa, a la mer qui est plus félonesse en été qu’en hiver, a la ola pérfida, Maga, según enumeraciones que detallamos largo rato, enamorados de Joinville y del parque, abrazados y semejantes a árboles mojados o a actores de cine de alguna pésima película húngara. Y quedó entre el pasto, mínimo y negro, como un insecto pisoteado. Y no se movía, ninguno de sus resortes se estiraba como antes.
Terminado. Se acabó.
encontrado en una plaza debía morir dignamente en un parque, no podía entrar en el ciclo innoble del tacho de basura o del cordón de la vereda; entonces yo lo arrollé lo mejor posible, lo llevamos hasta lo alto del parque, cerca del puentecito sobre el ferrocarril, y desde allí lo tiré con todas mis fuerzas al fondo de la barranca de césped mojado mientras vos proferías un grito donde vagamente creí reconocer una imprecación de walkyria. Y en el fondo del barranco se hundió como un barco que sucumbe al agua verde, al agua verde y procelosa, a la mer qui est plus félonesse en été qu’en hiver, a la ola pérfida, Maga, según enumeraciones que detallamos largo rato, enamorados de Joinville y del parque, abrazados y semejantes a árboles mojados o a actores de cine de alguna pésima película húngara. Y quedó entre el pasto, mínimo y negro, como un insecto pisoteado. Y no se movía, ninguno de sus resortes se estiraba como antes.
Terminado. Se acabó.
Extracto del libro "Rayuela" de Julio Cortazar... Mi biblia
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